lunes, 14 de agosto de 2017

El Katéjon, II Tes. II, 6-7 (XII de XV)

IV.- Objeciones:

Llegamos finalmente a las objeciones a esta nueva teoría que podemos encontrar en algunos autores.

Nos detendremos solamente en las que trae Knabenbauer por ser el que le dedica más espacio a analizar esta exégesis.

Comienza el autor describiendo esta nueva hipótesis:

Hay que conmemorar otra sentencia, que también interpreta τὸ κατέχον de lo que antecede y según la cual en el v. 6 se habla de lo que retarda la venida del Señor; esto es el mismo anticristo, es decir, todavía no sucedió la aparición del Anticristo; pues, como se dijo en el v. 3, el Señor no vendrá antes que venga el Anticristo (cf. Grimm (Der κατέχον des 2 Thessalonischerbriefes, 1861, Danko, Hist. Rev. N.T., pag. 374, Simar, Theologie des hl. Paulus). Según esta sentencia así se procede: v. 6 y ahora, puesto que os había dicho que el día del Señor no vendría antes que venga el Anticristo, ya sabéis, lo que retarda la venida del Señor, para que ésta aparezca finalmente a su tiempo; sabéis, pues, que no es otro sino que el Anticristo que todavía no apareció; v. 7 pues en efecto, la iniquidad ya ejerce su fuerza, pero solamente en forma oculta, hasta que el que retarda la venida del Señor, ὁ κατέχων, es decir, el anticristo, surja o nazca del medio de esta iniquidad, v. 8 y entonces se manifestará aquel inicuo, el anticristo, etc. Esta sentencia Padovani la juzga la más probable y Cornely (Analyses libr. S. N.T. ad h.l.) dice que no es improbable”.

Y luego acepta lo que tiene de positiva cuando dice:

“Esta sentencia tiene una ventaja y es que el y ahora del v. 6 fluye fácilmente, incluso en sentido lógico: por aquello que os acabo de decir ahora sabéis lo que detiene”.

Sin embargo, a renglón seguido comienza con las objeciones que dividiremos una a una a fin de analizarlas mejor.

Pero antes tengamos presente el texto completo del capítulo II sobre el cual versan las dificultades:

miércoles, 9 de agosto de 2017

El que ha de Volver, por M. Chasles. Apéndice IV, Cristo Rey y Hombre en el Arte (I de II)

IV

CRISTO REY Y HOMBRE EN EL ARTE

El arte cristiano primitivo se inspiró en los dogmas; mucho tiempo conservó el espíritu tradicional de los primeros siglos, que enseñaba a las masas las glorias del reino mesiánico después de la vuelta gloriosa de Cristo.

Con el objeto de apoyar nuestra tesis en el Arte, tomaremos tres temas iconográficos que nos parecen muy significativos, y seguiremos bajo este punto de vista la evolución del arte cristiano. El arte cristiano representó hasta el siglo XII la realeza de Cristo. Enseguida su humanidad tomó este lugar. En vez del pequeño rey aparece como niño juguetón; en vez del Cristo coronado de piedras preciosas, aparece el Cristo coronado de espinas; en vez del Rey en majestad aparece el Hijo del hombre mostrando sus llagas.

El siglo XIII quita definitivamente su corona a Jesús

Paso a paso seguiremos la evolución de la representación de Cristo: en los brazos de su madre—clavado en la cruz—volviendo sobre las nubes. La evolución producida en estas tres formas iconográficas de la figura de Cristo es absolutamente la misma; perderá a través de los siglos su majestad real para ser finalmente privado de su corona.


I. EL NIÑO Y LA MADRE

Nuestro primer tema es Jesús niño sobre las rodillas o en brazos de su Madre. Esta representación iconográfica de Cristo toma su carácter en Bizancio; la Virgen está sentada y tiene al Niño sobre sus rodillas: los dos sobre el mismo eje, los dos en actitud hierática y real. Numerosas imitaciones de la "Théotokos" (Madre de Dios) se encuentran en Roma en donde se conservan todavía once en las cúpulas de las diferentes basílicas, siendo la más famosa de ellas la de Santa María Mayor.

Las Catedrales de Francia en el siglo XII estaban adornadas de esta escena llena de grandeza en la cual María presenta su Hijo Rey a la adoración de los hombres. Las más de las veces María tiene en su mano el cetro real que el Niño es impotente aún de mantener. El cetro es el gran símbolo que lo señala: "Va a destruir todas las naciones con cetro de hierro" (Apoc. XII, 5).

La dignidad es la característica de estas estatuas: el arte quiere servir a la gran causa del Rey divino. Las catedrales de Chartres, de París, poseen las más bellas; la estatua de la Mayor en Marsella tiene un carácter oriental casi salvaje. Más graciosa es la de Monserrat.

viernes, 4 de agosto de 2017

El Papa hereje, por San Roberto Belarmino (II de IV)

La cuarta opinión es la de Cayetano[1] donde enseña que el Papa que es hereje manifiesto no es depuesto por el mismo hecho (ipso facto) sino que puede y debe ser depuesto por la Iglesia; la cual sentencia, según mi opinión, no puede defenderse. Pues, en primer lugar, que el hereje manifiesto esté depuesto por el mismo hecho (ipso facto), se prueba por medio de la autoridad y de la razón.

La autoridad es S. Pablo, que en la epístola a Tito, cap. III ordena que el hereje, después de dos correcciones, es decir, después que se muestre manifiestamente pertinaz, debe ser evitado, y lo entiende antes de toda excomunión y sentencia del juez, como allí mismo escribe Jerónimo, donde dice que los otros pecadores son excluidos de la Iglesia por medio de la sentencia de excomunión, mientras que los herejes por sí se alejan y separan del cuerpo de Cristo: pero el Papa que permanece como tal, no puede ser evitado, pues ¿cómo evitaremos a nuestra cabeza? ¿cómo nos alejaremos de un miembro unido a nosotros?

La razón, en efecto es certísima: el no-cristiano no puede en modo alguno ser Papa, como confiesa el mismo Cayetano en el mismo libro, cap. 26 y la razón es que no puede ser Cabeza el que no es miembro; y no es miembro de la Iglesia el que no es cristiano; pero el hereje manifiesto no es cristiano como claramente enseña Cipriano[2], Atanasio[3], Agustín[4], Jerónimo[5], y otros; por lo tanto, el hereje manifiesto no puede ser Papa.

Responde Cayetano[6] que el hereje no es cristiano simpliciter sino secundum quid, puesto que dos son las cosas que hacen al cristiano: la fe y el carácter; entonces el hereje, al perder la fe, todavía retiene el carácter y en razón del mismo todavía se adhiere de algún modo a la Iglesia y es capaz de jurisdicción; por lo tanto, todavía es Papa pero debe ser depuesto; ya que por la herejía está dispuesto, con disposición última, a no ser Papa, de la misma forma que se encuentra el hombre, no muerto sino en las últimas instancias.

viernes, 28 de julio de 2017

El Katéjon, II Tes. II, 6-7 (XI de XV)

Lo que acabamos de decir parece corroborarse por el contraste bien marcado entre Cristo y el Anticristo que los autores advierten a lo largo de todos estos versículos.

Knabenbauer:

“Lo otro que deberá venir antes de la venida del Señor, se declara en la aparición del anticristo (el apóstol no usa esta palabra): y se revelare, ἀποκαλυφθῇ, lo mismo en los vv. 6.8 con la misma palabra se lo opone a Cristo, que igualmente se revelará, de la misma manera se habla de su venida, παρουσία como de la de Cristo; tanto con estas palabras como con la descripción e índole misma nos lo pone ante los ojos verdaderamente como anticristo”.

Buzy:

“El adversario, ὁ ἀντικείμενος, participio regularmente empleado como substantivo, (Lc. XIII, 17; Fil. I, 28; I Tim. V, 14) es, con el sustantivo el anticristo, que San Juan será el primero en usar (I Jn. II, 18.22; IV, 3; II Jn. 7), el calificativo más expresivo para designar el rol de aquel que viene a oponerse a Cristo, prodigios contra prodigios, parusía contra parusía, muchedumbre de engañados contra grupo de fieles”.

Biblia de Jerusalén:

El impío se revela, 6.8, en contra de la Revelación del Señor, I, 7; I Cor. I, 7, al igual que su parusía, v. 9, se dirige en contra de la del Señor, v. 8. El Anti-Dios deviene el Anti-Cristo”.

Buzy:

“Otra constatación de dos en uno: lo anulará por la manifestación de su parusía, el cual se confunde con el soplo de su boca; lo anulará, καταργήσει (35 veces en San Pablo), como el sol pone en fuga las tinieblas, como dice el Crisóstomo. Parusía contra parusía, es la verdadera, la resplandeciente, τῇ ἐπιφανείᾳ, que la supera sobre la falsamente prestigiosa”.

Rigaux:

Al oponer la revelación de Cristo a la del impío, (San Pablo) opone tácitamente la fuerza, los signos y los prodigios de Cristo a los del impío; pone en antítesis la verdad de Cristo y la mentira, la seducción y el mal del impío”.

domingo, 23 de julio de 2017

El que ha de Volver, por M. Chasles. Apéndice III, La Vuelta y el Reino de Cristo en la Liturgia (IV de IV)

Misas del Común de los Santos

El Común de los santos es un conjunto de misas compuestas para los bienaventurados cuya fiesta no tiene liturgia especial.

En su origen estos "comunes" eran misas propias de santos particularmente venerados: Santa Inés, San Martín, San Esteban, San Lorenzo.

La composición de las misas del común de mártires se remonta generalmente al siglo XI; los otros comunes: confesores pontífices, doctores, confesores no pontífices, abades, vírgenes y santas mujeres fueron elaboradas un siglo o dos más tarde, en plena Edad Media.

Las misas de estos últimos comunes hacen alusiones frecuentes por los textos escogidos a la vuelta de Cristo y a la necesidad de velar para esperarlo. Cada misa, sin excepción, nos recuerda sobre todo por el Evangelio el deber primordial del cristiano, de ser un vigilante que espera al Maestro, al Rey o al Esposo.

En el primer momento pensamos que todos esos textos han estado allí durante ocho siglos para recordarnos la vuelta gloriosa del Señor; sin embargo, después de un estudio prolijo de comparación con el espíritu de la Edad Media respecto a "las cosas que están por venir", hemos constatado que la acumulación de textos escatológicos no ha sido colocada ahí para hacernos temblar de alegría con el pensamiento de la vuelta gloriosa de Jesús con sus santos, sino para inspirarnos el temor de la muerte individual y del juicio de Dios.

Estos textos — del fin de los tiempos — están ahí para prepararnos a bien morir; confusión evidente de la Parusía y de la muerte[1].

miércoles, 19 de julio de 2017

El Papa hereje, por San Roberto Belarmino (I de IV)

El Papa hereje, por San Roberto Belarmino

Nota del Blog: Hasta donde sabemos, el famoso capítulo donde San Roberto trata las diferentes opiniones sobre la cuestión del Papa hereje no ha sido traducido al español, con lo cual buscamos, de esta manera, que los lectores de habla hispana tengan a su alcance este preciado material.

Existen pasajes más o menos largos de este capítulo, sobre todo en la reconocida obra de Xavier da Silveira y que fuera traducida a los principales idiomas (ver AQUI).

Al final se incluyen dos Anexos.


TERCERA CONTROVERSIA GENERAL

SOBRE EL ROMANO PONTIFICE

Libro II

Cap. XXX

Se resuelve el último argumento, y se trata la cuestión: si el Papa hereje puede ser depuesto[1].

Objeción décima. El Pontífice, en caso de herejía puede ser juzgado y depuesto por la Iglesia, como consta en la dist. 40, can. Si Papa; por lo tanto, el Pontífice está sujeto al juicio humano, al menos en algún caso.

Respondo: sobre este tema hay cinco opiniones.

La primera es de Alberto Pighi[2] donde afirma que el Papa no puede ser hereje; por lo tanto, no puede ser depuesto en ningún caso; la cual afirmación es probable, y puede ser defendida fácilmente, como luego mostraremos en su momento[3]. Sin embargo, como no es cierta, y la opinión común es la contraria, es preciso ver qué hay que responder si el Papa puede ser hereje.

La segunda opinión es, pues, que el Papa por lo mismo (eo ipso) que cae en herejía, incluso meramente interna, está fuera de la Iglesia y es depuesto por Dios, por lo cual puede ser juzgado por la Iglesia, es decir, ser declarado depuesto por derecho divino, si todavía rechaza ceder. Esta es la opinión de Juan de Torquemada[4], pero para mí no lo prueba. Pues la jurisdicción se da al Pontífice por Dios, pero con la intervención de los hombres, como es obvio ya que, por medio de los hombres, este hombre que antes no era Papa, comienza a ser Papa: por lo tanto, no es quitado por Dios sino por el hombre: pero el hereje oculto no puede ser juzgado por el hombre; ni él quiere dejar espontáneamente esa potestad. Agréguese que el fundamento de esta opinión es que los herejes ocultos están fuera de la Iglesia, lo que es falso y que prolijamente mostraremos en el lib. I de Eccl.

martes, 11 de julio de 2017

El Katéjon, II Tes. II, 6-7 (X de XV)

Dicho esto, podemos ahora recordar las citas que dimos más arriba al hablar del katéjon.

Zorell:

κατ-έχω: Parecería que la mejor es la sentencia de los Padres, según la cual el imperio Romano es τὸ κατέχον, y el Emperador ὁ κατέχων (…), para otros como Reischl, Crampon, Griesbach, τὸ κατέχον es la apostasía, ὁ κατέχων el hombre de pecado (v. 3), lo que retarda el día y venida del Señor”.

Crampon:

Lo que retiene, versículo 6, es pues el conjunto de las condiciones previas a la venida de Cristo, es decir, la apostasía y la aparición del anticristo.  El que lo retiene: es el anticristo que debe, antes de la venida de Cristo, salir del medio de la humanidad entrenada por el espíritu anticristiano”.

Con lo cual, tenemos que si el Katéjon masculino y neutro es el mismo y se trataría de la apostasía y del hombre de pecado, entonces ¿no podremos identificar ambos nombres? En otras palabras, ¿por qué no ver en la apostasía uno de los tantos nombres que recibe el Anticristo en las SSEE?

Es cierto que esta ha sido la opinión de algunos Padres, tales como el Crisóstomo, Teodoreto y Eutimio, pero no parecería ser de mucho valor pues si hemos de creer a Beda Rigaux hablando del comentario de San Juan Crisóstomo:

“Estas homilías son inferiores… a las otras sobre las cartas paulinas. Se encuentra al orador y al moralista en detrimento del exégeta”.

Sin embargo es curiosa la traducción que nos da el mismo San Agustín del texto de San Pablo[1]:

“… porque antes vendrá aquel rebelde (refuga), y se manifestará aquel hombre hijo de pecado…, etc.”.

Identificando claramente ambos términos.

Pero pasemos mejor a los argumentos sacados del mismo Texto.

jueves, 6 de julio de 2017

El que ha de Volver, por M. Chasles. Apéndice III, La Vuelta y el Reino de Cristo en la Liturgia (III de IV)

TIEMPO DESPUES DE PENTECOSTES

Las últimas fiestas de que hemos hablado forman parte del tiempo después de Pentecostés. Ahora veremos que la liturgia propia de este tiempo, la de los Domingos, nos habla de la Vuelta de Cristo.

Los 24 Domingos — a veces algunos más según la fecha de Pascua - señalan los siglos que transcurren desde la Ascensión hasta la Vuelta del Señor Jesús. La Iglesia ha querido que encontremos una enseñanza viva de nuestra "feliz esperanza" y en ella nos habla frecuentemente de la segunda venida.

LA IGLESIA HA ESCOGIDO EL COLOR VERDE A CAUSA DE LA ESPERANZA DE LA VUELTA DE CRISTO. El color verde dice Dom Guéranger expresa la esperanza de la Esposa (la Iglesia) que sabe que su suerte ha sido confiada por el Esposo al Espíritu Santo, bajo cuya dirección hace su peregrinación[1]. Nosotros agregaremos que el color verde es el color del trigo nuevo que anuncia la cosecha al fin del siglo predicha por Jesús (Mt. XIII, 39) y por el Apoc. (XIV, 15-16). Es la espera paciente del labrador "en la esperanza del precioso fruto de la tierra" (Sant. IV, 7).

Al fin del tiempo después de Pentecostés — mes de Noviembre — las lecturas de la Biblia son de los profetas Exequiel y Daniel, "cuya mirada después de haber recorrido la sucesión de los imperios, penetra hasta el fin de los tiempos, y la de los profetas menores que anuncian las venganzas divinas, los últimos de los cuales anuncian al mismo tiempo la vuelta del Hijo de Dios"[2].

A partir del XVIII Domingo después de Pentecostés, los textos litúrgicos nos recuerdan en términos bien claros la próxima venida del Señor Jesús. "Remunera a los que esperan en Ti, para que se vea la veracidad de tus profetas" (Ecles. XXXVI, 18), canta el Introito y recibimos la promesa de ser mantenidos irreprochables hasta su vuelta (Epíst. I Cor. I, 4-8).

En el Domingo XIX, escuchamos el llamado del Rey al festín de las bodas del Esposo, tan deseadas y esperadas[3].

domingo, 2 de julio de 2017

Castellani maldito, por Sebastián Randle

  Sebastián Randle, Castellani maldito, 1949-1981. Vórtice, Buenos Aires, 2017. Pag. 712. Ver AQUI.


Y al final salió. Se hizo esperar nomás, pero salió. La (re)conocida editorial Vórtice del infatigable Alejandro Bilyk ha dado a luz por fin la segunda parte de la biografía de Castellani escrita por Sebastián Randle.

Casi 15 años han pasado desde la primera parte, la cual generó entre no pocos lectores un inmenso revuelo por ciertas conclusiones del Autor[1]. Conclusiones sobre las cuales no hablaremos, entre otras cosas porque leímos el libro allá lejos y hace tiempo cuando todavía éramos junior (o al menos más que ahora) y deberíamos leerlo de nuevo para poder opinar.

Pero sí vamos a decir algo, aunque más no sean dos palabras, sobre la segunda parte.

La edición, como ya nos tiene acostumbrado Vórtice, es impecable: buena calidad de papel, mejor encuadernación, y a diferencia del famoso ladrillo verde, este tomo es portable sin mayores problemas. Y como diría el Autor: Je.

Sobre el contenido, antes que nada, es forzoso reconocer la elegante prosa del Autor, en extremo agradable y que hace que el libro se lea sin dificultad de un tirón (o de cuatro) a pesar de la abultada cantidad de páginas.

Como se desprende del título, la segunda parte abarca los últimos 33 años de vida que el Autor va siguiendo uno a uno en forma muy prolija; período en extremo interesante y el más rico en cuanto a la producción literaria.

La biografía está muy bien lograda y el autor sabe hacernos apreciar y saborear lo mejor de Castellani.

Entremos de a poco en el libro.

Lo primero que salta a la vista es la profusión de notas (¡más de 1000!) que denotan, claro está, una riqueza de bibliografía inigualable.

El libro posee dos ventajas inapreciables. En primer lugar, el acceso a muchos textos inéditos, en particular a los diarios del Padre (¡una verdadera joya!) como así también a muchas cartas escritas por Castellani que ayudan a situar las cosas en su debido contexto y en segundo lugar, todos los testimonios de primera mano que el Autor pudo reunir a lo largo de los años.

Mientras leíamos el libro, la pregunta que saltaba constantemente a nuestra mente era “¿cuándo se terminarán las disputas legales tan estériles como estúpidas y podrán editar los diarios completos?”. Sí, com-ple-tos, y nada de excusas (pag. 673).

Otra idea que se nos vino, y que seguramente no hemos sido los primeros, fue “¿cuándo van a publicar las cartas?”. Cartas a Gamallo, a Graffigna, e via dicendo.

Hay que decir que 38 años después de su muerte, Castellani tuvo su Bollery[2] y parece imposible imaginar que alguien pueda alguna vez superar esta biografía.

martes, 27 de junio de 2017

El Katéjon, II Tes. II, 6-7 (IX de XV)

b) La Apostasía y el Hombre de Iniquidad.

Dado que el segundo miembro apenas si presenta dudas ya que todos los autores concuerdan en la interpretación, y por si fuera poco San Pablo es más que claro al respecto, entonces toda nuestra atención deberá centrarse en la Apostasía.

Es este uno de los clásicos ejemplos citado una y otra vez para probar la defección general en la fe antes de la venida del Anticristo, defección no sólo de las naciones sino inclusive de los individuos[1].

Somos de la opinión que la situación no es tan clara como parece a primera vista.

Antes que nada, veamos a grandes rasgos lo que dicen los principales comentadores sobre la apostasía.

Biblia de Jerusalén:

La apostasía es nombrada como ya conocida. Al contenido general de la palabra (secesión, defección) hay que darle un valor religioso, Hech. V, 37; XXI, 21; Heb. III, 12. A quienes jamás han pertenecido a Cristo, puede que se les unan quienes se dejaron desviar de la fe, cf. I Tim. IV, 1; II Tim. III, 1; IV, 3, etc.”.

Turrado:

“La presencia del artículo indica que se trata de una apostasía bien determinada, conocida ya de los tesalonicenses, sobre la que sin duda habían sido instruidos por el Apóstol (v. 5). Es casi seguro que se trata de esa misma apostasía o defección en la fe a que se refirió Jesucristo en su discurso escatológico, cuando habló de que al final de los tiempos surgirán pseudo-profetas que engañarán a muchos, y habrá gran enfriamiento de la caridad, con peligro de ser seducidos incluso los elegidos, si ello fuera posible (cf. Mt. XXIV, 11-12.24; Lc. XVIII, 8). También San Juan en el Apocalipsis, alude a la misma gran apostasía, cuando habla de “la bestia” que luchará con los fieles y los vencerá, quedando sólo aquellos cuyos nombres están en el libro de la vida (cf. Apoc. XIII, 7-8).
Esta “apostasía” está probablemente íntimamente relacionada con “el hombre de pecado” o anticristo, que tendrá mucha parte en ella. Así parecen insinuarlo los diversos textos sea de Jesucristo, que la une a los pseudoprofetas, sea de San Juan, que la une a la aparición de la bestia, sea de San Pablo en este pasaje, presentando juntas ambas cosas”.

Padovani:

jueves, 22 de junio de 2017

El que ha de Volver, por M. Chasles. Apéndice III, La Vuelta y el Reino de Cristo en la Liturgia (II de IV)

TIEMPO DE EPIFANIA

La Epifanía es la verdadera fiesta de Cristo Rey que la Iglesia celebra desde hace siglos. Toda su literatura está orientada a la alabanza de la realeza maravillosa de Cristo.

Hemos hecho notar que un día los judíos supieron mostrar a los gentiles dónde estaba su Rey[1]. Estos lo encontraron, en cambio las tinieblas espirituales cegaron a los judíos. Pero en el último día su nombre será conocido por todos: "Rey de Reyes y Señor de señores" (Apoc. XIX, 16).

El Introito de la Epifanía canta esta realeza (Mal. III, 1 y I Paral. XXIX, 12): "Ha llegado el Soberano Señor; en su mano tiene el reino, el poder y el imperio".

El salmo LXXII contiene casi todos los trozos cantados de esta fiesta, tanto en la Misa como en el Breviario. Algunos versículos de este salmo son particularmente típicos para mostrar cuál será la realeza futura del Mesías: "Y Él dominará de mar a mar. y desde el Río hasta los confines de la tierra. Ante Él se prosternarán sus enemigos, y sus adversarios lamerán el polvo. Los reyes de Tarsis y de las islas le ofrecerán tributos; los reyes de Arabia y de Sabá le traerán presentes. Y lo adorarán los reyes todos de la tierra”

Todos estos textos no pueden referirse sino a la segunda venida y Reino, puesto que el día en que los Magos llegaron a Belén, su cortejo no se parecía a esa enumeración de reyes de que nos habla el salmo LXXII, ni a la que describe magníficamente Isaías LX y que nos presenta la Epístola. "Muchedumbre de camellos te inundará, dromedarios de Madián y Efá. Todos ellos vienen de Sabá, trayendo oro e incienso y pregonando las glorias de Yahvé".

domingo, 18 de junio de 2017

Notas a la Escritura Santa, VI. "Y no la conoció" (Mt. I, 25)

VI

Et non cognoscebat eam – Y no la conoció (Mt. I, 25)

Nota del Blog: La siguiente interpretación, muy interesante, pertenece al excelente exégeta, R. Thibaut, S.I. y está tomada de la Nouvelle Revue Théologique, vol. LIX (1932), pag. 255-6.

Para comodidad del lector, hemos dado entre paréntesis y en color verde las citas a las que alude el Autor en varias oportunidades.



La frase donde se inserta la proposición puesta como título de esta nota, se presenta dividida de la siguiente manera en la interpretación recibida:

“Despertado de su sueño, José hizo lo que el ángel del Señor le había ordenado, y tomó consigo a su mujer; y no la conoció hasta el día en que dio a luz un hijo; y él le dio el nombre Jesús” (Lagrange, 1923)[1].

Nosotros proponemos la distribución siguiente:

“José hizo lo que el ángel le había dicho:

1) tomó consigo a su mujer (y no la conoció) hasta el día en que ella dio a luz un hijo;

2) él le dio al niño el nombre Jesús”.

martes, 13 de junio de 2017

El que ha de Volver, por M. Chasles. Apéndice III, La Vuelta y el Reino de Cristo en la Liturgia (I de IV)

III

LA VUELTA Y EL REINO DE CRISTO EN LA LITURGIA

La liturgia romana ha tenido el mayor empeño en actualizar el misterio de Cristo, con el fin de permitir a los fieles el vivir día a día la acción redentora del Salvador.

El año litúrgico, que es como un compendio de la vida de Jesús, se divide en dos ciclos: ciclo de Navidad y ciclo de Pascua. Coloca bajo nuestra vista y a nuestro corazón los grandes acontecimientos de esta vida, con el objeto de que podamos concretizarlos.

La existencia de Jesús — como hombre — ha tenido un comienzo: es su venida a la tierra y su nacimiento en Belén. Pero esta primera venida tendrá su continuación magnífica en su vuelta gloriosa al fin de los tiempos.

No es extraño pues, que la liturgia haya pensado acercar estos dos sucesos del Señor, el uno humilde, el segundo magnífico, y puesto que el segundo es nuestra esperanza suprema la Iglesia romana hace de él el Omega de su liturgia.

En el primer Domingo del año litúrgico — 1° Domingo de Adviento, — leemos el Evangelio de San Lucas que expone los signos precursores de la vuelta de Cristo; y en el último Domingo del año — 24° después de Pentecostés — leemos el mismo anuncio en el Evangelio de San Mateo.

El año litúrgico en su comienzo y en su fin quiere llamar la atención del cristiano sobre el suceso por el cual debe suspirar continuamente, que es la base de su esperanza y que San Pablo sintetiza así: "¡Tanto en su aparición como en su reino!".


ADVIENTO

martes, 6 de junio de 2017

El Katéjon, II Tes. II, 6-7 (VIII de XV)

Después de lo dicho hasta aquí tenemos que analizar con más detalle los vv. 3-7, pues todavía hay cosas por aclarar.

3. Nadie os engañe en alguna manera: si no viniere la apostasía primero y se revelare el hombre de la iniquidad, el hijo de la perdición;
4. el que se opone y levanta sobre todo el que se dice Dios o numen; hasta él en el Santuario de Dios sentarse, probándose a sí mismo que es Dios—
5. ¿No recordáis que, todavía estando con vosotros, esto os decía?
6. Y ahora lo que detiene, sabéis, para que él se revele en el tiempo suyo.
7. En efecto, el misterio ya está obrando de iniquidad; sólo el que detiene ahora, hasta que del medio surja.


a) Katéjon como neutro y masculino.

Conocida es la distinción que los exégetas han visto (o procurado ver) entre el katéjon neutro y masculino (lo que y el que detiene, respectivamente), dando para ambos términos dos interpretaciones diversas que los habituados a la exégesis de este capítulo conocerán de sobra, pero de nuevo tenemos que decir que nos parece estar ante otra suposición.

Antes de meternos de lleno en el tema, notemos tan sólo algunas interpretaciones de carácter más general que se acercan más de lo que parece a primera vista a nuestra posición, tal como luego veremos en el punto siguiente:

Zorell:

κατ-έχω: Parecería que la mejor es la sentencia de los Padres, según la cual el imperio Romano es τὸ κατέχον, y el Emperador ὁ κατέχων (…), para otros como Reischl, Crampon, Griesbach, τὸ κατέχον es la apostasía, ὁ κατέχων el hombre de pecado (v. 3), lo que retarda el día y venida del Señor”.

Crampon:

Lo que retiene, versículo 6, es pues el conjunto de las condiciones previas a la venida de Cristo, es decir, la apostasía y la aparición del anticristo.  El que lo retiene: es el anticristo que debe, antes de la venida de Cristo, salir del medio de la humanidad entrenada por el espíritu anticristiano”.

¿Cuál es, nos preguntamos antes que nada, la necesidad de multiplicar los significados cuando gramaticalmente nada lo exige?

jueves, 1 de junio de 2017

El que ha de Volver, por M. Chasles. Apéndice II, El Reino Milenario (III de III)

Los Padres de la Iglesia que creían en el Milenio, lógicamente creyeron también en una primera resurrección para los justos de acuerdo con la enseñanza tantas veces repetida del Nuevo Testamento.

Esperaban pues, "la mejor resurrección" (Heb. XI, 35) aquella en que "los muertos en Cristo resucitarán" (I Tes. IV, 16) "cada uno por su orden... luego los de Cristo Cristo en su Parusía" (I Cor. XV, 23).

Leemos en la Didakhé o DOCTRINA DE LOS APOSTOLES (Siglo I):

"Entonces aparecerán los signos de la verdad: primer signo los cielos abiertos; segundo signo, el sonido de la trompeta; tercer signo, LA RESURECCION DE LOS MUERTOS, NO DE TODOS ES VERDAD, pero según lo que ha sido dicho: "El Señor vendrá y todos sus Santos con Él". Entonces el mundo verá al Señor "viniendo sobre las nubes del cielo" (Cap. XVI, 6-8).

Y en San Justino (Siglo II):

"Sabemos que sucederá una resurrección de la carne y que pasarán mil años en la Jerusalén reconstruida… los que hayan creído en nuestro Cristo pasarán mil años en Jerusalén después de lo cual sucederá la resurrección general" (Diálogo con Trifón. LXXXI 5, LXXXI, 4).

Sería fácil multiplicar estas citas hasta San Ambrosio.

Si estudiamos de cerca el texto original griego, notaremos que el Nuevo Testamento distingue claramente la resurrección de los muertos, es decir la resurrección general de todos los muertos, los malos como los buenos, de la resurrección de entre los muertos. Esta última frase indica que hay otros muertos que quedan atrás[1] y es por eso que San Pablo enseñaba que cada uno resucitará "por su orden: como primicia Cristo; LUEGO LOS DE CRISTO en su Parusía… el último enemigo destruido será la muerte" (I Cor. XV, 23-26).

domingo, 28 de mayo de 2017

In Memoriam: R. P. José Ramos García, C. M. F. (II de II)

I Parte

III) Criterios de exégesis

Necesario complemento de esta enumeración es añadir una palabra sobre sus criterios exegéticos. Ya que su exégesis bíblica, desde el principio hasta el fin, tiene un criterio y una luz que ilumina todas las cuestiones. Sea en el Antiguo, sea en el Nuevo Testamento, sea en las Profecías, o en las Parábolas, es siempre análoga la solución.

Consta esta en todos sus escritos, pero se halla sistematizada y orgánicamente expuesta por uno de sus alumnos de Propaganda Fide en su estudio titulado: “Apocalypsis schematica explanatio ex profesoris praelectionibus excerpta, a Rev. Roberto Alford, sac. Australiano. Romae 1938 (ad ususm privatum), pag. 73[1]. El mismo P. Ramos hace prefación y responde de las ideas suyas expuestas por su alumno, con fecha 23 de enero 1923.

Por esto, Alfred Felix Vaucher, en el fasc. 13-19, de febrero de 1955 de la colección “Lacunziana”, en que recoge todos los Padres y escritores Milenistas hasta nuestros días, al llegar al P. José Ramos García traza así su semblanza milenista con estas líneas que nos ahorran cuanto podríamos decir por nuestra cuenta[2]:

“José Ramos García, C.M.F., esp. nacido en 1884, había expuesto la mayor parte de las ideas de Morondo, en la revista Ilustración del Clero, 1925, pag. 167-168. En las lecciones dadas en Roma, en el Instituto pontifical, en 1935-1936, Apocalypsis schematica explanatio, R., 1938, IV-73 p., admitía aún un reino futuro (pag. 1-3, 8, 71-72), dos juicios generales, el de los vivos en la parusía, y el de los muertos al fin del período milenario (p. 3, 70-72), la conversión futura de Israel (pp. 2, 26-27, 52-53), el restablecimiento político de Israel (pag. 28-31), la reconstrucción de Jerusalén (pp. 44-45). Proponía reemplazar el término tan desacreditado de milenarismo por el de milenismo (pp. 2, 8, 71). En la Summa Isagogico exegética in utriusque testamenti libros sacros, II, R., 1940, pag. 341-377, enseñaba un milenio futuro un advenimiento premilenial. Cfr. Manuale isagogico-exegeticum in libros, II R., 1936, pp 365, 404-406. Ver Piolanti, de Novissimis, 1946, p. 121. La actitud tomada por el Santo Oficio, con respecto al milenarismo, en 1944 obligó a los católicos a ciertas moderaciones. Igualmente, nuestro autor, en “Estudios Bíblicos”, VIII, Mad. 1949, p. 75-133[3], suelta el lastre e intenta salvar algo. Abandona a Lacunza a su suerte (p. 93), propone reemplazar la venida premilenial visible (adventismo) por una simple intervención de Cristo (intervencionismo) deja abierta la cuestión de saber si la primera resurrección, la que acompaña a la parusía, debe ser corporal o espiritual, y se contenta con mantener un milenio futuro de paz entre los dos juicios, con la restauración de Israel. Llama a su sistema milenista, por oposición al milenarismo condenado por Roma”[4].

martes, 23 de mayo de 2017

El que ha de Volver, por M. Chasles. Apéndice II, El Reino Milenario (II de III)

Desgraciadamente en vez de considerar este reino misterioso como un reino de cuerpos resucitados, de vida espiritualizada, de paz y pureza en presencia del Rey de reyes, un estado que debía parecerse al de Jesús después de su resurrección[1], que conservando la visión de su Padre podía, sin embargo, alimentarse, vivir como nosotros, andar sobre la tierra, aparecer y desaparecer; en vez de considerar el reino apocalíptico de mil años como anticipación de la vida celestial, muchos se dejaron llevar por la prescripción de realizaciones carnales y goces de orden puramente material.

Entonces para combatir este error San Agustín cambió bruscamente de opinión. En “la Ciudad de Dios" reconoce que lo que ha dicho anteriormente

"Se puede admitir creyendo que durante ese séptimo milenio (o reino de mil años del Apoc.) los santos gozarán de algunas delicias espirituales a causa de la presencia del Salvador; y agrega: Yo he pensado antes de ese modo.

"Pero como aquellos que adoptan esta creencia dicen que los santos vivirán en continuo festín, sólo las almas carnales podrán creer como ellos, por eso es que los espirituales los han llamado "Chiliastas", de una palabra griega que puede traducirse literal-mente por "milenaristas".

En seguida San Agustín trata de dar una nueva interpretación al reino milenario para destruir la esperanza de un reino terrestre y grosero.

"Respecto a los mil años pueden ellos comprenderse de dos maneras: o bien todo esto sucede en los últimos mil años, es decir en el sexto milenio cuyos últimos años transcurren actualmente[2]. Estos últimos años serán seguidos del Sábado que no tiene tarde, es decir, del reposo de los santos que no tiene fin, de modo que la Escritura llama aquí mil años la última parte de ese tiempo; considerando una parte por el todo[3].

Este es pues, el texto que tuvo más tarde tanta resonancia en la exégesis católica, ¡texto al cual se refieren siempre, pero sin transcribirlo! Es por lo demás bien confuso. Autorizaría en la primera parte a admitir el milenio en sentido literal:

martes, 16 de mayo de 2017

El Katéjon, II Tes. II, 6-7 (VII de XV)

5. ¿No recordáis que, todavía estando con vosotros, esto os decía?

Lo que sí todos recordamos es el lamento de San Agustín, casi desgarrador, y devenido clásico:

“Y porque dijo que lo sabían ellos, no quiso manifestarlo expresamente. Nosotros, que ignoramos lo que aquéllos sabían, deseamos alcanzar con trabajo lo que quiso decir el Apóstol, y no podemos…”.

Pero… ¿y si, como ya vimos más arriba por la cita de Padovani, San Pablo sí nos dijo, al igual que a los Tesalonicenses, cuál era el katéjon…?

Antes de continuar, es preciso notar en este versículo, siguiendo a los autores, un par de cosas:

I) La elipsis de todo este pasaje:

1. Os rogamos, hermanos, con respecto a la Parusía de Nuestro Señor Jesucristo y nuestra reunión a Él
2. que no pronto os mováis del entendimiento, ni os turbéis ni por espíritu, ni por palabra, ni por epístola, como nuestra: como que presente (esté) el día del Señor.
3. Nadie os engañe en alguna manera: si no viniere la apostasía primero y se revelare el hombre de la iniquidad, el hijo de la perdición;
4. el que se opone y levanta sobre todo el que se dice Dios o numen; hasta él en el Santuario de Dios sentarse, probándose a sí mismo que es Dios—
5. ¿No recordáis que, todavía estando con vosotros, esto os decía?

En lugar del v. 5, San Pablo debió haber terminado la frase que dejó inconclusa y decir, palabras más, palabras menos[1]:

“Si no viniere la apostasía primero y se revelare el hombre de la iniquidad, el hijo de la perdición… no vendrá el día del Señor”.