sábado, 8 de febrero de 2014

Castellani y el Apocalipsis, V. Una mala traducción en el Cap. VI

V

Una mala traducción en el Cap. VI

Al analizar el cuarto jinete Castellani comete una imprecisión en la traducción que influye necesariamente en la exégesis.

Con anterioridad ya hemos hablado sobre la relación existente entre los cinco primeros Sellos y el Discurso Parusíaco (ver AQUI), y allí nos remitimos.

Veamos, sin embargo, la traducción y el posterior comentario de Castellani (pag. 106-107). Énfasis nuestros:

“Y cuando abrió el Cuarto Sello
Oí la voz del cuarto animal diciendo:
“¡Ven!” –
Y vine y vi:
Un caballo lívido –
Y el jinete, su nombre es Muerte
Y el Averno en ancas –
Y diósele poder sobre un cuarto de la tierra
De matar por espada, hambre, peste
Y por las fieras de la tierra”.

Después désto, el Padre comenta: “El principio de los dolores es la Guerra, dijo Cristo, mas el fin es la persecución, la última persecución. Satán está en ancas del jinete, cuyo nombre es Muerte: las persecuciones son satánicas, los perseguidores de la iglesia son demoníacos: tratan de dar muerte al alma dando muerte al cuerpo incluso: con las fieras del Anfiteatro en tiempos de Nerón, Juan las vio. El hambre sigue a la guerra, la peste sigue al hambre. Este caballo resume los males anteriores y añade otro nuevo”.

Y en el Excursus C, al comentar este Sello dice (pag. 83): “El Caballo Amarillo o sea Bayo – Jlorós, dice el griego- es la última Persecución – con razón su jinete se llama “Muerte” – que mata con espada, hambre y “las fieras” – que Juan y los primeros cristianos conocieron bien en el Coliseo -, o sea, compendia los males anteriores y los amplía con uno nuevo”.


Realmente nos cuesta decidir por dónde empezar el análisis.

Primero lo primero. En la traducción, Castellani comete un error al verter el pronombre posesivo “αὐτοῖς”, que es plural, como singular: “diósele”, y de esta forma lo aplica al cuarto jinete, pero el griego claramente dice “se les dio”. Ahora bien, la pregunta es: ¿a quién se refiere el pronombre plural?
Aquí caben dos posibilidades: o al jinete y al hades o a los jinetes anteriores más al cuarto.

En el trabajo supra citado decíamos básicamente un par de cosas:

1) En primer lugar el término “muerte” debe ser traducido por “peste”, para lo cual citábamos a Allo que decía:

“Muerte” e “Infierno” asociados como en I, 18; XX, 13-14… Por el trío de calamidad “Guerra, Hambre, Peste” cfr. Is LI, 19; Jer. XIV, 12; Ez. V, 2 etc. θάνατος, en los LXX traduce a menudo el término hebreo דֶּבֶר, pesteAm. IV, 10; Jer. XIV, 12; XXIV, 10; Ez. V, 12.17; VI, 11-12, etc. En el nuevo Testamento cfr. Mt. XXIV, 7; Mc. XIII, 7-8; Lc. XXI, 10-12…”.
“… Después de la guerra y el hambre he aquí la Peste, montada en un caballo verde (o verdoso, lívido)… es el color de un cadáver putrefacto, o si se prefiere, el de un rostro descompuesto de temor. Así el trío clásico de las plagas queda constituído, pues θάνατος no puede significar aquí sino “Peste”, según la analogía bíblica; si se tratara de la muerte en general, entonces este cuarto jinete no tendría ningún signo individual y su aparición sería más bien ociosa, dado que las dos plagas precedentes harían su trabajo”.

Lo mismo notan otros autores como Zerwick y Zorell.

2) Siendo esto así, entonces el final del versículo debe aplicarse uno a cada uno de los jinetes:

“Y se les dio potestad sobre la cuarta parte de la tierra para matar a espada (segundo Sello) y con hambre (tercer Sello) y con peste (cuarto Sello) y por medio de las bestias de la tierra” (¿cuarto Sello?)”[1].

Veamos ahora con algo más de detenimiento el comentario del Padre:

“El principio de los dolores es la Guerra, dijo Cristo, mas el fin es la persecución, la última persecución”.

Afirmación falsa y gratuita.
Si bien estamos convencidos que Nuestro Señor y San Juan están hablando exactamente de los mismos acontecimientos, y para la prueba nos remitimos al artículo citado, sin embargo, Cristo no dijo que el principio de los dolores sea la guerra, sino la guerra, el hambre, la peste y los terremotos (Mt. XXIV, 6-8 y Mc. XIII, 7-8).
Notemos que estos sucesos narrados por Cristo y por San Juan son anteriores al signo propiamente dicho, que es la Abominación de la desolación en el lugar Santo, es decir al Anticristo, con lo cual no es posible aplicar esto a la época del Anticristo, y ni siquiera tampoco a la persecución del quinto Sello, claramente predicha también en el Discurso Parusíaco.
Otro argumento servirá para convencer al lector de lo que decimos. El texto dice que se les dio potestad sobre “la cuarta parte de la tierra”, la cual es imposible aplicar a la gran persecución del Anticristo que va a ser universal. No hay dudas que se trata de acontecimientos de carácter regional. Si Castellani hubiera seguido la mala traducción de la Vulgata que dice: “y se le dio poder sobre las cuatro partes de la tierra”, uno podría haber entendido la alusión a la gran Tribulación, pero como en este caso tradujo bien, cuesta entender a qué viene la mención del Anticristo.
Por último, notemos que en ninguno de  los cuatro primeros sellos se indica en absoluto la persecución: Falsos Profetas, Guerras (nación contra nación, etc), Hambre y Peste. Ni una sóla palabra de persecuciones, las cuales vendrán recién con el quinto Sello.

Algunas cosas más podrían agregarse, pero nos parece que bastará con leer con algo de atención el artículo que hemos citado al comienzo para darse cuenta.

Vale!




[1] El primer sello, esto es, los falsos Profetas, no es nombrado porque no mata el cuerpo sino el alma.