domingo, 22 de abril de 2018

Algunas Notas a Apocalipsis IV, 4

    4. Y (vi) alrededor del trono, tronos veinticuatro; y sobre los tronos, veinticuatro Ancianos sentados, vestidos con vestiduras blancas y sobre sus cabezas coronas de oro.

Citas Bíblicas:

Is. XXIV, 23: “La luna se enrojecerá y el sol se oscurecerá, porque Yahvé de los ejércitos reinará en el monte Sión y en Jerusalén, y delante de sus ancianos (resplandecerá) su gloria”.

Dan. VII, 9-10: "Estuve mirando hasta que fueron puestos tronos; y sentóse el Anciano de días cuyo vestido era blanco como la nieve, y el cabello de su cabeza como lana blanca. Su trono era de llamas de fuego, y las ruedas del mismo, fuego ardiente. Un río de fuego corría saliendo de delante de él; millares de millares le servían y miríadas de miríadas se levantaban ante su presencia. Sentó se el tribunal y fueron abiertos los libros…".


Comentario:

Allo: “Por el origen y la función de los ancianos, cfr. tal vez, Ex. XXIV, 9, los asistentes de Moisés, y seguramente Is. XXIV, 23 y Dn VII, 10; el número 24 cfr. I Par. XXIV, 7-19, las 24 clases de sacerdotes”.

Allo: “Estos Ancianos han dado materia a muchas interpretaciones. La figura es tradicional y responde al “senado de Dios” del que hablan Isaías y Daniel (introd. Cap. V, II. I, p. LXXX). Allí hemos visto a los ángeles que presiden el desarrollo de los tiempos en las diversas fases de la historia humana. Los comentadores medievales han visto, por el contrario, a representantes de la humanidad, salidos de su seno, sea las 12 tribus (12 x 2), sea los Patriarcas y los Apóstoles, o los profetas de Israel, o la raza elegida en general (Vict., And., Alb.: “universitas sanctorum V.T et N.T”)”.

Gelin: "Los veinticuatro Ancianos están subordinados a los Animales (IV, 10) y constituyen una suerte de senado Angélico que sigue desde el cielo la historia humana y el progreso del reino de Dios en el mundo (VII, 13 ss; XI, 16)".

Biblia de Jerusalén: Estos ancianos ejercen un rol sacerdotal y real: alaban y adoran a Dios (IV, 10; V, 9; XI, 16s; XIX, 4) y le ofrecen las oraciones de los fieles (V, 8); se sientan en el gobierno del mundo (tronos) y participan de su poder real (coronas). Su número corresponde tal vez, al de las 24 órdenes sacerdotales de I Par. XXIV, 1-19”.

Ramos García: "Sobre los siete arcángeles o ejecutores de los decretos del Señor vio San Juan a 24 ancianos, que son sus consejeros natos, consejeros digo no en el sentido de que Dios tome de ellos consejo, quis enim consiliarius ejes fuit? (Is. XL, 13; Rom. XI, 34; cf. Sab. IX, 13), sino en el sentido de que comunica con ellos sus consejos adorables para que le alaben y glorifiquen por ellos, como se ve tantas veces en el Apocalipsis (Apoc. IV, 4-10; V, 8-14; XI, 16; XIX, 4). A todo mi entender estos 24 ancianos no son hombres bienaventurados, como he opinado alguna vez, sino ángeles de una categoría superior, los Domini o grandes Señores (Seniores) de la sociedad angélica, como lo expresó San Juan al contestar a uno de ellos que le preguntaba quiénes eran y de dónde habían venido los Santos que veía con vestiduras blancas: Domine mi, tu scis (Apoc. VII, 14), y de estos Domini tomaría nombre el orden de las Dominaciones que San Juan no podía omitir de ningún modo en la descripción de la celeste curia[1]

domingo, 15 de abril de 2018

Algunas Notas a Apocalipsis IV, 3


3. Y el sentado, semejante a una visión de piedra jaspe y sardonio; y un iris alrededor del trono, semejante a una visión de esmeralda.

Notas Lingüísticas:

Zerwick: "ὅμοιος: similar; ὁράσει: aspecto; dativo de relación: similar en aspecto".


Citas Bíblicas:

Is. VI, 2 ss: "En el año en que murió el rey Ocías, ví al Señor sentado en un trono alto y excelso y las faldas de su vestido llenaban el Templo. Encima de Él había serafines, cada uno de los cuales tenía seis alas: con dos se cubrían el rostro, con dos los pies y con dos volaban. Y clamaban unos a otros diciendo: Santo, Santo, Santo, es Yahvé de los ejércitos, llena está toda la tierra de su gloria".

Ez. X, 22 ss: "Sobre las cabezas de los seres vivientes había algo semejante a un firmamento, como de cristal deslumbrante, que se extendía por encima de sus cabezas. Y por debajo del firmamento extendíanse sus alas, una frente a la otra; cada uno tenía dos por un lado y por el otro; las cuales les cubrían el cuerpo. Y oí el ruido de sus alas, cuando se movían, como estruendo de muchas aguas, como la voz del Todopoderoso; un estruendo tumultuoso, como el estruendo de un ejército. Cuando se detenían plegaban sus alas; pues cuando salía una voz de encima del firmamento que estaba sobre sus cabezas, se detenían y plegaban sus alas. Sobre el firmamento que estaba encima de sus cabezas, había algo semejante a una piedra de zafiro, como un trono; y sobre esta especie de trono una figura semejante a un hombre (sentado) sobre él. Dentro de él y alrededor de su cintura para arriba ví como un fuego que resplandecía, alrededor de él. Como el aspecto del arco que aparece en las nubes en día de lluvia, así era el aspecto del resplandor que le rodeaba. Tal fue el aspecto de la imagen de la gloria de Yahvé. Cuando la vi me postré en tierra y oí la voz de uno que hablaba".


Comentario:

Jaspe y Sardio son la última y primera piedras del pectoral del Sumo Sacerdote que representan a Benjamín y Rubén (Ex. XXVIII, 15 ss), mientras que esmeralda es la tercera que correspondería a Leví (Gen. XLIX, 1 ss).

Straubinger: “No puede dudarse que aquí se muestra, en su excelsa y serena majestad, la Persona del divino Padre, cfr. V, 7 y nota”.

Allo: “Solecismo del masculino ὅμοιος (como) con ἶρις (iris), femenino. “Arco iris”, cfr. Gen. IX, 12-17 y Ez. I, 27 ss. Las piedras nombradas se encuentran en la Biblia griega, por ejemplo, en el ornamento de los hábitos del sumo sacerdote y Ez. XXVIII, 13 (el rey de Tiro comparado a un ángel); las piedras reaparecen en Apoc. XXI.- Hemos traducido ὁράσει no “por el aspecto”, sino “en visión”, según la analogía de Apoc. IX, 17; la palabra equivale a ὅραμα de Mt. XVII, 9 y Lc. passim”.

domingo, 8 de abril de 2018

El Anuncio a José (II de II)


Gracias a la traducción propuesta se puede dar una interpretación satisfactoria del mensaje en el conjunto del recitado. Ya no hay dos mensajes: anuncio de la concepción virginal y revelación del rol de José, sino uno sólo que unifica sus elementos subordinándolos. Si el Espíritu Santo es el autor de la concepción, José no tiene ninguna función que cumplir en el nacimiento milagroso. Pero dado que tiene la misión de servir de padre al Niño es que él, hijo de David, debe, a pesar de la concepción virginal, tomar consigo a la madre del Salvador.

Este mensaje le es transmitido en el estilo de las Anunciaciones. Como en San Lucas a la Virgen María, le es dado un signo. En el pasado, el signo para la Virgen fue la milagrosa preñez de Isabel; para José es la obra del Espíritu Santo en María, oficialmente confirmada. En el futuro, tanto para José como para la Virgen, es el anuncio de un hijo (cf. Juec. XIII, 3-5). Luego, dado el signo, se le confía tanto a José como a la Virgen, imponer el nombre al niño (cf. a Agar, Gen. XVI, 11 y a Abraham, Gen. XVII, 19).

Este doble aspecto del mensaje angélico se refleja en la cita escriturística que sigue:

Todo esto sucedió para que se cumpliese la palabra que había dicho el Señor por el profeta: “Ved ahí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán el nombre de Emmanuel”, que se traduce: “Dios con nosotros”.”

Para entender en qué sentido esta profecía anunciaba el suceso narrado, conviene remarcar que el fin del recitado está distribuido en forma similar: “Y sin que la conociera, dio ella a luz un hijo” (en lo que respecta a la concepción virginal), “y le puso por nombre Jesús” (en lo que respecta al rol de José). Mensaje (vv. 20-21), profecía (v. 23) y recitado (v. 25) se corresponden perfectamente, recitados los tres por καλέσεις τὸ ὄνομα αὐτοῦ (21), καλέσουσιν τὸ ὄνομα αὐτοῦ (v. 23), ἐκάλεσεν τὸ ὄνομα αὐτοῦ (v. 25) (le pondrán por nombre). Así se explica la modificación del texto de Isaías (καλέσουσιν [le pondrán por nombre] en lugar de καλέσεις [le pondrás por nombre]; por el plural (no necesariamente indeterminado), José se une a la Virgen para ponerle el nombre al Niño. La profecía viene así a justificar a su manera el rol de José en el nacimiento del Emanuel.

El pasaje termina, pues, con la paternidad legal de José. La concepción virginal, si es supuesta por todas partes como el suceso mayor que ocasiona el recitado - ἐκ πνεύματος ἁγίου (del Espíritu Santo) (vv. 18.20), ἡ παρθένος (la Virgen) (v. 23), οὐκ ἐγίνωσκεν αὐτὴν (no la conoció) (v. 25)- no es revelada directamente[1]. Para convencerse de ello, hay que renunciar al concordismo espontáneo que proyectan las enseñanzas de San Lucas sobre el recitado mateano.

domingo, 1 de abril de 2018

Algunas Notas a Apocalipsis IV, 2


2. Inmediatamente fui en espíritu y he aquí un trono puesto en el cielo y sobre el trono uno sentado.

Comentario:

Straubinger: “Me hallé en espíritu, exactamente como en I, 10, lo cual confirmaría lo que allí señalamos. Sobre la visión de Dios cfr. Ez. I, 22 ss y nota. Todo este capítulo, lo mismo que el siguiente, se inspira en los Profetas, especialmente Is. VI, Ez. I, Dan. VII. El rapto de Juan al cielo durará hasta el fin del capítulo IX”.

Caballero Sánchez: “Dada la orden, Juan dócil al Espíritu que obra en él, la cumple sin dilación: “Y al instante fui en espíritu”.

Nuestros doctores traducen este inciso: “caí en éxtasis”, como anteriormente “ir en Espíritu al día del Señor”, lo habían vuelto por “caer en éxtasis un día domingo”. El texto y el contexto condenan esa traducción. Porque el carisma profético que tiene Juan en acto no da lugar a ningún éxtasis particular; y porque “fui” corresponde a la orden de subir a la puerta del cielo…”.

Fillion: "Sedens: es decir, había uno sentado. La visión es dejada a propósito en una cierta vaguedad, aunque el contexto muestra claramente (ver los vv. 8-11 y también VII, 10.15; XII, 5, etc.) que se trata de Dios Padre. El recitado supone también que la divina presencia estaba simbolizada por una forma humana, como en Is. VI, 1 ss; Ez. I, 2 ss; Dan. VII, 9".

El “sentado en el trono” es, según algunos, Dios Padre. Alápide objeta que en Is. VI los Querubines cantan el trisagio "Santo, Santo, Santo", a la Ssma. Trinidad con lo cual aquí se refiere a la Divinidad en cuanto tal y no sólo al Padre.

Contra esto se puede contestar que las visiones corresponden a dos momentos diversos. Isaías vé a la Ssma. Trinidad, pero San Juan vé el consejo que se reúne en el cual se le entrega a Jesucristo el testamento que recibe de su Padre.

Este es el "Trono de mi Padre" del que habla Jesús. En VII, 10 se distingue "el Sentado en el trono" del "Cordero", y lo mismo en VI, 16 y XII, 5.

Alápide: "Alcázar cree que este trono de Dios era como el propiciatorio y los Querubines. En efecto, éstos eran el trono de Dios en el Templo de Salomón, a lo que aquí se alude. Pues los 24 Señores, dice, son los príncipes de los sacerdotes, los cuales eran 24 como se ve en I Paral. XXIV. De aquí que los siete candelabros responden también a las siete luces del candelabro, el mar de cristal al mar de bronce, los animales a los grandes Querubines, hechos por Salomón; finalmente el capítulo mismo termina con alabanzas y adoración a Dios. También cree que este mismo trono era el mismo en todas las visiones proféticas, como cuando Dios fue visto por Moisés y los ancianos, Ex. XXIV, 10, Is. VI, 1 y Ez. I, 22, excepto que, en lugar de la tabla dorada del propiciatorio, era de zafiro (Ex. XXIV, 10) y en Ez. I, 22 era cristalina; y así cree que era aquí, ya que este trono estaba en el cielo".

martes, 27 de marzo de 2018

El Anuncio a José (I de II)

Nota del Blog: El siguiente estudio es obra del P. Xaver Léon-Dufour S.J., y apareció en Mélanges bibliques rédigés en l'honneur d’André Robert, Paris 1957, p. 390-397. 

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Según Mt. I, 18-25, es seguro que José decidió repudiar a María su “prometida” porque estaba encinta; también es cierto que cambió su proyecto como consecuencia de una intervención angélica. Hasta ahí los intérpretes están de acuerdo. Difieren a la hora de explicar la decisión de José que,

“Como era justo y no quería delatarla (a María), se proponía despedirla en secreto” (Mt. I, 19).

¿Por qué esta conducta envuelta, esta repudiación oculta, ignorada de los usos judíos? ¿En qué consiste la “justicia” que le atribuye el evangelista? ¿Justicia con respecto a la ley, a Dios, a María o justicia indulgente (débonnaireté)? Todas estas respuestas se han dado, suponiendo resuelto otro enigma: ¿José tenía a María como inocente o culpable? ¿O la veneraba como el arca de Dios?

Ordinariamente, si no concuerdan sobre la suposición de adulterio, se responde con seguridad que José no estaba al corriente de la concepción virginal, y esto en razón del mensaje del ángel que parece revelarle:

“José, hijo de David, no temas recibir a María tu esposa, porque su concepción es del Espíritu Santo” (Mt. I, 20).

Pero ¿revela de hecho el misterio de María? Creemos que no. Antes de justificar nuestra opinión por medio de una nueva traducción de este pasaje, recordemos esquemáticamente las interpretaciones corrientes.

jueves, 22 de marzo de 2018

Algunas Notas a Apocalipsis IV, 1


Capítulo IV

1. Después de esto ví y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la voz, la primera, que oí como de trompeta hablando conmigo, diciendo: “Sube aquí y te mostraré lo que debe suceder después de esto”.

Citas Bíblicas:

Sobre la puerta abierta en el cielo, ver:

Ez. I, 1: “El año trigésimo, el día cinco del cuarto mes, estando yo en medio de los cautivos, junto al río Cobar, se abrieron los cielos, y tuve visiones de Dios”.

Hech. VII, 55-56: “Mas, lleno del Espíritu Santo y clavando los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús de pie a la diestra de Dios, y exclamó: “He aquí que veo los cielos abiertos, y al Hijo del hombre que está de pie a la diestra de Dios.


Comentario:

“Después de esto” = IV, 1; VII, 9; XV, 5 y XVIII, 1 = ¿marca una nueva visión?

Esta puerta abierta coincide, en cuanto al tiempo, con la puerta abierta a la Iglesia de Filadelfia (III, 8).

Comienza la tercera parte de la profecía según la división dada en I, 19, la cual, a su vez se dividirá en dos secciones, como luego diremos. Ver AQUI.

San Juan parece darse vuelta una vez más (cf. I, 12) y volver a ver "el día del Señor".

La voz que le habla es la misma de I, 10, es decir, la de San Gabriel. Ver AQUI.

Straubinger: “Las cosas que han de suceder empezarán en el capítulo VI con la apertura de los sellos, después de esta visión. Igual expresión usa Dan. II, 29.45 y tal parece ser el objeto principal del Apocalipsis en cuanto profecía, según se ve en I, 1 (Cf. I, 19 y nota)".

En realidad, todo indica que las cosas que han de suceder comienzan en el mismo capítulo IV, con la reunión del consejo celestial.

El paralelismo de la frase final con I, 19 es clara, como ya lo notamos.

Fillion: “Después de esto: después de los hechos narrados desde I, 10 hasta III, 22. La fórmula Μετὰ ταῦτα εἶδον, después de esto vi (cfr. VII, 1.9; XV, 5; XVIII, 1), varía en este libro con Καὶ εἶδον, y vi (cfr. V, 1.6; VI, 1.2.12; VIII, 2.13; IX, 1 etc.). La primera introduce habitualmente los hechos más importantes, como el comienzo de una visión nueva; el otro concierne a detalles secundarios”.

Fillion: Como de ordinario la partícula “he aquí” señala el carácter inopinado del fenómeno. Comparar el v. 2b etc.”.

sábado, 17 de marzo de 2018

El Signo de Jonás (II de II)


Nota del Blog: A fin de no producir tedio en el lector con una nota al pie casi a cada paso, nos parece más oportuno hacer una sola nota y al final del trabajo.

La predicación de Jonás


Primero lo primero:

Mt. XII, 38-42: “Entonces algunos de los escribas y fariseos respondieron, diciendo: “Maestro, queremos ver de Ti una señal”. Replicóles Jesús y dijo: “Una raza mala y adúltera requiere una señal: no le será dada otra que la del profeta Jonás. Pues, así como Jonás estuvo en el vientre del pez tres días y tres noches, así también el Hijo del hombre estará en el seno de la tierra tres días y tres noches. Los ninivitas se levantarán, en el día del juicio, con esta raza y la condenarán, porque ellos se arrepintieron a la predicación de Jonás; ahora bien, hay aquí más que Jonás. La reina del Mediodía se levantará, en el juicio, con la generación ésta y la condenará, porque vino de las extremidades de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón; ahora bien, hay aquí más que Salomón”.

Mt. XVI, 1-4: “Acercáronse los fariseos y saduceos y, para ponerlo a prueba le pidieron que les hiciese ver alguna señal del cielo. Mas Él les respondió y dijo: “Cuando ha llegado la tarde, decís: Buen tiempo, porque el cielo está rojo”, y a la mañana: “Hoy habrá tormenta, porque el cielo tiene un rojo sombrío”. Sabéis discernir el aspecto del cielo, pero no las señales de los tiempos. Una generación mala y adúltera requiere una señal: no le será dada otra que la del profeta Jonás”. Y dejándolos, se fue”.

Mc. VIII, 11-13: “Salieron entonces los fariseos y se pusieron a discutir con Él, exigiéndole alguna señal del cielo, para ponerlo a prueba. Mas Él, gimiendo en su espíritu, dijo: “¿Por qué esta raza exige una señal? En verdad, os digo, ninguna señal será dada a esta generación”. Y dejándolos allí, se volvió a embarcar para la otra ribera”.

Lc. XI, 15-16: “Pero algunos de entre ellos dijeron: “Por Beelzebul, príncipe de los demonios, expulsa los demonios”. Otros, para ponerlo a prueba, requerían de Él una señal desde el cielo”.

Lc. XI, 29-32: “Como la muchedumbre se agolpaba, se puso a decir: “Perversa generación es ésta; busca una señal, mas no le será dada señal, sino la de Jonás. Porque lo mismo que Jonás fué una señal para los ninivitas, así el Hijo del hombre será una señal para la generación esta. La reina del Mediodía será despertada en el juicio frente a los hombres de la generación esta y los condenará, porque vino de las extremidades de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón; y hay aquí más que Salomón. Los varones ninivitas actuarán en el juicio frente a la generación esta y la condenarán, porque ellos se arrepintieron a la predicación de Jonás; y hay aquí más que Jonás”.


***

Bien. Tenemos varias cosas para decir sobre este interesante estudio.

Lo primero que debemos preguntarnos es ¿para qué es el signo que piden los judíos?

La respuesta es obvia: para reconocer al Mesías.

Es decir, los judíos piden un signo del cielo para recién entonces aceptar al Mesías; por lo tanto, y acá coincidimos con el Autor, el signo del Maestro deberá buscar producir el mismo efecto y no ser un signo de condenación.

Claro que la pregunta que tenemos que hacernos aquí es ¿y qué pasa con los demás signos (de hecho, así llama San Juan a los milagros) de Nuestro Señor? ¿No hacía, acaso, Jesús los milagros para acreditar su divinidad?

El problema es que los judíos ya habían rechazado los milagros de Nuestro Señor atribuyéndolos al diablo, y es en extremo interesante notar que San Lucas relaciona estos dos aspectos que parecerían no tener mucho que ver: el pecado contra el Espíritu Santo y el signo de Jonás.

Estaba Jesús echando un demonio, el cual era mudo. Cuando hubo salido el demonio, el mudo habló. Y las muchedumbres estaban maravilladas. Pero algunos de entre ellos dijeron: “Por Beelzebul, príncipe de los demonios, expulsa los demonios”. Otros, para ponerlo a prueba, requerían de Él una señal desde el cielo” (XI, 15-16).