martes, 20 de febrero de 2018

Las Genealogías Genesíacas y la Cronología, por Ramos García (VII de IX)

Sólo el prejuicio de la universalidad absoluta del Diluvio podría soslayar la conclusión que acabamos de ilustrar.

Nosotros creemos que el Diluvio fué, sí, universal, pero universal con sola universalidad relativa; relativo, digo a cierta región y agrupación de hombres, aunque con repercusión en todo el globo, dada la magnitud de un cataclismo, que pudo lanzar las aguas del mar a unos 4.000 metros de altura, es decir, a 15 codos sobre el macizo armeno (Gen. VII, 20; VIII, 4).

En pro de la universalidad meramente relativa milita la razón geográfica y la etnológica.

Si las aguas no subieron más que a unos 15 codos del macizo armeno, que está a unos 4.000 metros de altura, quedan en el resto del globo ocho o diez distritos de supervivencia, que superan al macizo armeno[1]. Primero de todos el Himalaya, en Asia; los Andes y Sierra Madre, en América; el monte Cook en Nueva Zelanda; las regiones de los altos lagos, de los Camarones y el Atlas en África; los Alpes y el Cáucaso, en Europa. Y eso con tanta mayor verosimilitud cuanto que en relación de origen o vecindad con cada uno de estos distritos hay un grupo étnico tanto más numerosos, cuanto mayor es el distrito de supervivencia. Así, para poner un ejemplo, en relación de vecindad con el Himalaya, que es el mayor de todos, está el grupo racial de tipo mogol o mogoloide, que es también el más numeroso.

En todos esos distritos pudiéronse salvar muchos animales terrestres; y donde se salvaron los animales, pudo salvarse el hombre, si bien el árbol de la humanidad, que nacido de un mismo tronco se había espaciado en ramas numerosas, al ser ahora tronchado por el cataclismo, dejó de sí ya sólo ramas sueltas, que son las diferentes razas humanas, inconfundibles unas con otras, sin que puedan acortarse las distancias por el mestizaje, pues se retorna fatalmente a uno de los tipos originarios.

viernes, 16 de febrero de 2018

Algunas Notas a Apocalipsis III, 20-21

20. He aquí que estoy de pie a la puerta y golpeo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él y él conmigo.

Citas Bíblicas:

Lugares paralelos:

I) Estoy de pie a la puerta y golpeo:

1) Mt XXIV, 33: “Así también vosotros cuando veáis todo esto, sabed que está cerca, a las puertas”. Cfr. Mc. XIII, 29.

Por su parte, por San Lucas en el lugar paralelo sabemos que esto se refiere al Reino de Dios, es decir al Milenio, cuando dice:

Lc. XXI, 31: “Así también, cuando veáis que esto acontece, sabed que el Reino de Dios está próximo”.

2) Mt. XXV, 10: “Mientras ellas iban a comprar, llegó el esposo; y las que estaban prontas, entraron con él a las bodas, y se cerró la puerta”.

3) Lc. XII, 36: “Y sed semejantes a hombres que aguardan a su amo a su regreso de las bodas, a fin de que, cuando Él llegue y golpee, le abran enseguida. ¡Felices esos servidores, que el amo, cuando llegue, hallará velando! En verdad, os lo digo, él se ceñirá, los hará sentar a la mesa y se pondrá a servirles”.

4) Lc. XIII, 24 ss:Pelead por entrar por la puerta angosta, porque muchos, os lo declaro, tratarán de entrar y no podrán. Enseguida que el dueño de casa se haya despertado y haya cerrado la puerta, vosotros, estando fuera, os pondréis a llamar a la puerta diciendo: “¡Señor, ábrenos!” Mas él respondiendo os dirá: “No os conozco (ni sé) de dónde sois”… allí seré el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, a Isaac y a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y a vosotros arrojados fuera. Y del oriente y del occidente, del norte y del mediodía vendrán a sentarse a la mesa en el reino de Dios”.

5) Juan X, 1 ss: “En verdad, en verdad os digo, quien no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que sube por otra parte, ese es un ladrón y un salteador. Mas el que entra por la puerta es el pastor de las ovejas. A este le abre el portero[1], y las ovejas oyen su voz y él llama por su nombre a las ovejas propias[2] y las saca fuera…”.

domingo, 11 de febrero de 2018

Las Genealogías Genesíacas y la Cronología, por Ramos García (VI de IX)

Rastreando la solución, comienzo por sospechar que la genealogía por línea de Caín, lo mismo que las demás, es fragmentaria, y hay que distinguir en ella dos tramos por lo menos, uno prediluviano en conexión con el primer origen del nombre y otro posdiluviano (sic)[1] en conexión con la historia posterior, vivida por el autor y sus lectores; dos tramos en la genealogía de los Cainitas, correspondientes a las dos tablas genealógicas de los Setitas, la prediluviana y la posdiluviana.

Mas ¿dónde poner el hiato entre los dos tramos de la genealogía de Caín? La egipcia pone un hiato inmediatamente después de Horos —que sería según lo dicho el Caín bíblico—, pues no hay en ella la más mínima alusión a Henoc e Irad, el primero de los cuales es ciertamente prediluviano (cf. Gen. IV, 17). La fenicia llena ese vacío con una serie de nombres extraños: Phos, Pyr y Phlox (n. 3). Casio, Líbano y otros gigantes (n. 4); Memrum, Hypsuranio y Usaos (n. 5). De este último se dice que “en medio de violentas lluvias, fué el primero que, tomando un leño, tuvo la osadía de arrojarse a la mar, y habiendo consagrado columnas al fuego y a los vientos, los adoró y sacrificó los animales que tomara” (Prep. Ev. 1. I, capítulo 10). Si aquí se alude como parece al diluvio universal, las cuatro generaciones restantes de la tradición fenicia, entre ellas la del Tekhnites Geinos, el Tubalcaín de la bíblica, son posdiluvianos. En la Biblia el carácter posdiluviano, dudoso en Irad, se acentúa cada vez más en sus sucesores, por su relación con ciertas realidades existentes aún en tiempo del autor sagrado, según se irá declarando.

Efectivamente, el nombre de Caín, que tiene un significado personal en el cap. IV del Génesis, en el último vaticinio de Balaám (Num. XXIV, 22) y en la historia de Jael (Jue. IV, 11 ss.), toma ya un sentido etnológico manifiesto. Ahora bien, lo normal en la Escritura es que el nombre etnológico de un pueblo sea a la vez el epónimo de su raza como nombre de su progenitor. Así Israel, nombre etnológico del pueblo de Dios, es a la vez su nombre eponímico, por ser el de su progenitor. Caín, pues, como nombre de pueblo, tendría a la vez un sentido eponímico, con referencia al de su progenitor, el único Caín que en la Escritura se conoce.

martes, 6 de febrero de 2018

Venga tu Reino, por René Thibaut

Nota del Blog: El siguiente texto del P. Thibaut S.J., está tomado de la Nouvelle Revue Théologique, Tomo 49 (1922), p. 555 sig.

Lamentablemente pasa lo que vemos siempre: quitado el Milenio de la exégesis, todo se vuelve oscuro, complicado, forzado.


Cuando los Padres hablaban ora del reino de la gracia, ora del reino de la gloria, estaban en lo cierto porque esta petición incluye ambos aspectos, es decir, cuando pedimos que venga el reino de Dios, pedimos que venga a la tierra y no que nosotros vayamos al cielo, con lo cual es un reino de gracia, pero a su vez ese reino absoluto y universal de la gracia, sólo puede venir por medio de la Vuelta gloriosa de Nuestro Señor (Mt. XIX, 28; XXV, 31, etc.) que estará acompañado de los santos, de los ángeles, y de los raptados, y entonces será, para éstos, un reino de gloria. El mismo sentido vemos en las otras dos peticiones: santificado sea tu Nombre… en la tierra (Is. XXIX, 23 sobre Israel y Ez. XXXVI, 23 para los gentiles; y en el cielo: Is. VI, 3; Apoc. IV, 8) y hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, el cual no necesita mayores comentarios.


Texto hebreo del Padre nuestro representado en la
Iglesia del Pater Noster en el Monte de los Olivos

I.- Venga tu Reino (Mt. VI, 10: Lc. XI, 2).

Los Padres latinos, salvo San Ambrosio, vieron en el reino del Pater el reino final de la gloria, y los Padres griegos, salvo San Juan Crisóstomo, el reino previo de la gracia. Por esta razón la enseñanza usual adopta la pluralidad de sentidos[1].

Suárez, que toma parte también por el sentido múltiple, no ve ningún inconveniente en ello[2]. Sin embargo, sentido múltiple[3], sentido prácticamente confuso. Ahora bien, la voluntad solamente tiende decididamente a un término bien definido. Sin dudas que uno permanece libre de precisar el reino que pide actualmente, pero, dado que se trata de una oración común, ¿es conveniente que la precisión no se obtenga sino fuera de la unidad? ¿No habrá propuesto Nuestro Señor, a fin de salvaguardar ambos, un reino en particular, evidentemente el principal, al cual tienden en primer lugar nuestros deseos, dejando que se construyan sobre él los secundarios?

Jerarquizar nuestros deseos no significa empobrecerlos, muy por el contrario. Por otra parte, al poner en evidencia un solo reino, imitaremos al mismo tiempo a los Padres griegos y latinos que ciertamente difieren sobre el reino a elegir, pero concuerdan en elegir uno.

Desde el momento en que hay que elegir, es la gloria lo que hay que escoger; pues uno toma la gracia al mismo tiempo, pero en su rango: es decir, implícita y secundariamente. En efecto, ésta está encerrada en aquella como en comienzo en el fin; y el deseo tiende naturalmente primero a la obra maestra por la cual el boceto deviene, a su vez, deseable.

jueves, 1 de febrero de 2018

Algunas Notas a Apocalipsis III, 18-19

18. Aconséjote comprar de Mí oro acrisolado por fuego, para que enriquezcas y vestidos blancos, para que te vistas y no se manifieste la vergüenza de tu desnudez y colirio para ungir tus ojos, para que veas.

Concordancias:

συμβουλεύω (aconsejo): Hapax en el Apocalipsis. Ver Mt. XXVI, 4; Jn. XVIII, 4; Hech. IX, 23.

ἀγοράσαι (comprar): cfr. Mt. XIII, 44.46; XXV, 9-10; Lc. XIV, 18-19; XVII, 28; Apoc. V, 9; XIII, 17; XIV, 3-4; XVIII, 11.

χρυσίον (oro): cfr. I Ped. I, 7; Apoc. XVII, 4; XVIII, 16; XXI, 18.21.

πεπυρωμένον (acrisolado): cfr. II Ped. III, 12; Apoc. I, 15.

πυρὸς (fuego): cfr. I Ped. I, 7; Apoc. I, 14; II, 18; IV, 5; VIII, 5.7-8; IX, 17-18; X, 1; XI, 5; XIII, 13; XIV, 10.18; XV, 2; XVI, 8; XVII, 16; XVIII, 8; XIX, 12.20; XX, 9-10.14-15; XXI, 8.

πλουτήσῃς (enriquescas): cfr. Lc. I, 53; XII, 21; II Cor. VIII, 9; I Tim. VI, 9.18; Apoc. III, 17; XVIII, 3.15.19 (mercaderes de la tierra).

μάτια (vestidos): cfr. Mt. XVII, 2; XXI, 7-8; Mc. IX, 3; XI, 7-8; Lc. XIX, 35-36; Apoc. III, 4-5; IV, 4; XVI, 15; XIX 13.16. Ver Mt. V, 40; XXIV, 18; Mc. XIII, 6; Lc. VI, 29.

Λευκὰ (blancos): cfr. Mt. XVII, 2; XXVIII, 3; Mc. IX, 3; XVI, 5; Lc. IX, 29; Jn. XX, 12; Hech. I, 10; Apoc. I, 14; II, 17; III, 4-5; IV, 4; VI, 11; VII, 9.13; XIV, 14; XIX, 11.14; XX, 11. Ver Apoc. VI, 2.

Περιβάλῃ (vistas): cfr. Mt. VI, 29.31; XXV, 36.38.43; Lc. XII, 27; Apoc. III, 5 (Sardes); IV, 4 (24 Ancianos); VII, 9.13 (Mártires del Anticristo); X, 1 (San Gabriel); XI, 3 (los dos Testigos); XII, 1 (Mujer que huye al desierto); XVII, 4 (Babilonia); XVIII, 16 (Babilonia); XIX, 8 (Jerusalén Celeste); XIX, 16 (Jesús).

φανερωθῇ (se manifieste): Ver Apoc. XV, 4.

αἰσχύνη (vergüenza): Hapax en el Apoc. Ver Fil. III, 19.

γυμνότητός (desnudez): Ver Mt. XXV, 36.38.43-44; Sant. II, 15; Apoc. III, 17; XVI, 15; XVII, 16 (Babilonia) y la Parábola del Banquete nupcial, Mt. XXII, 1-14.

κολλούριον (colirio): Hapax absoluto.

sábado, 27 de enero de 2018

Las Genealogías Genesíacas y la Cronología, por Ramos García (V de IX)

II. La genealogía de los Cainitas. (Gen. IV)

SUMARIO: La genealogía de Caín en la tradición bíblica, y problema que suscita. —  Agravase el problema bíblico con la tradición fenicia y egipcia. — Rastreando solución: pervivencia de los Cainitas al Diluvio. — El prejuicio de la universalidad antropológica del gran cataclismo. — Otros pueblos que perviven al Diluvio: los horreos, hurritas o caucasios. — Su identidad con los cainitas. — Conclusión de esta segunda parte y de todo el trabajo.

Además de esas dos tablas principales, en que se da la descendencia de Adán por Set y de Noé por Sem, hay otra tabla genealógica, colateral, en que se describe la descendencia de Adán por Caín, mas con esta particularidad, que en la descendencia de Caín faltan por completo las indicaciones cronológicas. Si pues se pusieron tales indicaciones en las otras genealogías, no fué seguramente por fórmula, sino porque se quiso significar por ellas lo que indican. Es justo, pues, ver en ellas un intento cronológico aprovechable, y sería irreverencia al Texto sagrado el desdeñar esas cifras como inexpresivas de nada concreto.

En vez de las indicaciones cronológicas de las genealogías de los Setitas, en la historia y genealogía de los Cainitas tenemos indicaciones no menos respetables, relativas a la cultura humana, con que se suscita a su vez otro de los más graves problemas genesíacos, por aparecer los datos de la Biblia en este punto en conflicto con los de la prehistoria.

Según la ciencia prehistórica, los hombres primitivos fueron primeramente colectores, cazadores y pescadores; luego pastores y al cabo agricultores, en otros tantos ciclos sucesivos de cultura humana. Industriales lo fueron siempre un poco, mas su industria se des-arrolló sucesivamente en el leño, la piedra, el hueso y el barro, y sólo muy tardíamente en los metales, ya en los primeros albores de la historia, muchos siglos después del Diluvio.

El Génesis en cambio supone aquí que los hombres han llegado ya desde el principio y simultáneamente al ciclo de la agricultura (Caín) y del pastoreo (Abel), y con la octava generación (Tubalcaín) es decir, mucho tiempo antes de la gran catástrofe, que corresponde a la décima generación bien corrida, al perfecto laboreo de los metales: También Sillá dio a luz; a Tubalcaín, forjador de toda herramienta de cobre y hierro (Gen. IV, 22).

Dejando a un lado el caso de Caín, agrícola, y de Abel pastor, que tiene sus antecedentes en Adán (Gen. II, 15.19 s.), ya que una cosa son los ensayos sin transcendencia y otra un ciclo cultural bien definido, con huellas en la prehistoria, debemos fijar nuestra aten-con en el caso de Tubalcaín, que tan profunda huella dejó en la tradición, hasta ser el prototipo de vulcano, el célebre herrero de los dioses.

lunes, 22 de enero de 2018

Addenda VIII: Apocalipsis I, 4, por el P. Joüon

Al publicar el interesante Artículo que el P. Joüon le dedica a analizar la identidad de los siete Espíritus del I capítulo del Apocalipsis, nos olvidamos de transcribir en nuestra nota una de las referencias que dimos y que confirmaría la tesis del ilustre jesuita francés.

En su comentario nos ilustraba:

“Los siete espíritus se caracterizan porque “están ante el trono” de Dios. Es una abreviación de la locución οἳ ἐνώπιον τοῦ Θεοῦ ἑστήκασιν “los que están de pie ante Dios”, la cual es empleada en VIII, 2 hablando de los siete ángeles. Pero, “estar de pie ante alguien” es una locución hebrea ('amad lifné), que sugiere la idea de servicio y que puede incluso conducir a “servir a alguien, estar al servicio de alguien”.

Para luego terminar con estas palabras:

Los siete espíritus serían, pues, los λειτουργικὰ πνεύματα (espíritus servidores, Heb. I, 14), sin dudas del orden más elevado. Son siete como las Iglesias de Asia. Además, no es temerario pensar que su rol es el de llevar a las siete Iglesias “la gracia y la paz” que Dios se dignará acordarles”.

Pero he aquí que, en otra parte del mismo Apocalipsis, san Juan relaciona directamente “estar ante el trono de Dios” con el “servicio”.

En VII, 13-15 dice:

“Y se dirigió uno de los Ancianos, diciéndome: “Estos, los vestidos de túnicas, las blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido?”. Y le dije: “Señor mío, tú sabes”. Y me dijo: “Estos son los que vienen de la tribulación, la grande; y lavaron sus túnicas y las blanquearon en la sangre del Cordero”. A causa de esto, están ante el trono de Dios y le sirven día y noche en su santuario y el sentado sobre el trono tenderá su tabernáculo sobre ellos”.

Las palabras finales son un eco de lo que se verá hacia el final del mismo Apocalipsis:

XXII, 3: “Y ninguna maldición habrá más y el trono de Dios y del Cordero en ella estará, y sus siervos (de Dios) lo servirán”.

Ver Apoc. XIX, 5.

Todo parecería indicar, pues, que estos siete espíritus no pueden ser más que los siete arcángeles llamados a “asistir delante del Señor” (Tob. XII, 15).


Vale!